_Creí que lloraría como solía hacerlo ayer…
Creí que suplicaría para que no te fueras de mi lado…
Creí que me lastimaría hasta causarme una lenta agonía…
Creí en un montón de cosas que antes eran obligatorias cumplirlas, todo por darle lugar a los cánones de manejo de un rompimiento sin mi consentimiento que siempre recalcan las mujeres que sufrían por amor y que no estaban dispuestas a que las demás pasaran por esto como ellas, lo que el mundo impone para estos casos…
Me doy cuenta ahora, tan adulta, tan tarde… Sólo atino a reír como una enajenada y a llorar como una condenada… Mi mente retiene tu mirada aquella que me excitaba de sobremanera y esa sonrisa tuya que me hacía entregarme a tus brazos sin duda alguna…
Simplemente suspiro.
Sé que no estoy triste; una mueca de aprobación surge y me sumerge mucho más en mi incomprensible realidad. Ahora es una sonrisa alegre, tranquila y muy resignada también. Me observas con ansiedad y decisión.
Mientras junto los trozos de mi corazón esparcidos en el piso, te doy las gracias por todo. Me quedas mirando con gesto extrañado. Serenas tu rostro otra vez y me respondes con esa dulce sonrisa tuya y un cálido abrazo.
Te respondo con un decidido “te esperaré porque siempre te amaré”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario